lunes, 18 de junio de 2018


Jirafa en Llamas//Salvador Dalí


       El famoso motivo del cuerpo humano con cajones aparece varias veces en las obras dalinianas de 1936.El ejemplo más provocativo es una copia de la Venus de Milo, equipada por Salvador Dalí en las zonas del vientre, de los pechos, de la cabeza y de las rodillas con cajones extraíbles de coquetas borlas de piel. La síntesis de la belleza clásica, siempre admirada y citada en la pintura europea desde la Edad Media hasta la época moderna, no sólo se reduce a la condición de objeto en esta estatua clásica tan manipulada, sino que incluso es radicalmente cuestionada. En este caso se trata menos de los problemas que plantea el concepto de belleza transmitido por la Venus de Milo que de la tesis defendida por los surrealistas de que el idealismo, el equilibrio y la armonía del cuerpo humano representados por la estatua clásica reflejan una concepción resquebrajada.
            Tras su bella apariencia se oculta lo inesperado, lo desconcertante, lo angustiante, idea visualizada en la imagen de los cajones que, supuestamente, facilitan el acceso al interior del ser humano.
            Lo traumático de esta concepción se manifiesta en Jirafa en llamas cuadro pintado por Dalí el mismo año que Venus de Milo con cajones. El blanco clásico de la estatua se ha convertido en un intenso azul fantasmagórico, el color de la noche que se extiende no sólo sobre el cielo, sino también sobre las dos figuras femeninas que se mueven lentamente como sonámbulas, con los ojos cerrados. Sus cuerpos escuálidos y huesudos, impedidos por cajones, protuberancias naturales y muletas, tantean el camino con suma dificultad. La equilibrada posición de la Venus de Milo ha dado paso a un difícil número de equilibrio, al esforzado intento de alcanzar la estabilidad sabiendo que soportan el peso del misterioso contenido de los cajones. Las figuras se mantienen erguidas sólo gracias a sus muletas y quedan ciegas a merced de una noche que, supuestamente, debe interpretarse como alegoría; representa el “otro lado” de la persona, los ámbitos inconscientes de su propio yo, a los que no puede acceder si no es capaz de controlar racionalmente, a pesar de que condicionan su vida.
            El ser humano no sabe adónde va ni qué es lo que le impulsa. Vive en un mundo que a él, que ha quedado fuera de la naturaleza, se le ha vuelto extraño. La jirafa en llamas podría concebirse como un símbolo del absurdo de la existencia humana en el mundo moderno. ”En oposición al ser humano-escribe Wieland Schmied en Salvador Dalí .El Enigma del deseo.-el animal es todavía naturaleza en orden. Su esencia animal parece indestructible. La jirafa, que sencillamente se quema, está aliada con los elementos. Puede entregarse a las llamas sin pensar, sin pasión, sin perecer en ellas. El reino de la naturaleza, de los minerales, de los elementos es duradero y el animal forma parte del mismo. El ser humano por el contrario, está sometido al tiempo, al envejecimiento, a la fugacidad, elementos que han perfilado repetidamente a la sonámbula de nuestro  cuadro en los rasgos de la cara, en las manos, en los movimientos.”

Hazme una Máscara [Dylan Thomas]





Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías
De esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas
De la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro,
Una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los desnudos enemigos.
Hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa,
Vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras solapada dulcemente.
Dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roble.
Para escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores
Y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas
Para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos
que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas
con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada.


Dylan Thomas (1914-1953) tuvo la desgracia de que la leyenda de su vida dejara en sombra su valiosa obra. La persona quedó anulada por el personaje, y éste acabó por imponerse al poeta también. 

MUERTES Y ENTRADAS




Casi sobre la víspera incendiaria
de varias muertes próximas,
cuando alguien ante los despojos de tu ser más amado
y desde siempre conocido, tengan que abandonar
los leones y fuegos de su aliento volátil,
quién entre tus amigos inmortales
elevaría los órganos del escrutado polvo
para lanzar y cantar tu alabanza,
el que más hondo la invocara poseerá su paz
que no puede hundirse o acabar
sin fin ante su herida
en los muchos destructores pesares conyugales de Londres.
Casi sobre la víspera incendiaria
cuando ante tus labios y tus llaves se abran
se cierren, se entrelacen los extraños asesinados,
alguien el más desconocido,
tu vecino como estrella polar, sol de distinta calle,
se ha de echar en sus lágrimas,
ha de bañar su lluviosa sangre en el mar viril
que por tu propio muerto se erizará
y arrollará su globo fuera de tu hebra de agua
y con todos los llantos llenará las gargantas de las valvas
ya que la luz relampagueó primero en sus tonantes ojos.

Casi sobre la víspera incendiaria
de muertes y de entradas,
cuando cercano y extrañamente herido en las olas de Londres
hayas buscado tu solitaria tumba,
un enemigo entre muchos, que bien sabe
cómo es tu corazón de luminoso
en la tiniebla vigilada temblando entre cuevas, cadenas y cerrojos
tirará de los rayos
para cerrar el sol, se hundirá, trepará por tus llaves sombrías
y agostará a los puntuales jinetes
hasta que aquel despojo amado
asome como el último Sansón de tu zodíaco.


Paul Delvaux   El alba sobre la ciudad[1940]



Entre las principales influencias del desarrollo artístico de Paul Delvaux se cuentan la pintura de Giorgio de Chirico así como la obra de René Magritte. Delvaux no ahondó en la obra de ambos artistas hasta finales de los años veinte, al visitar una exposición en París con obras de De Chirico y conocer poco después a Magritte.
        Al igual que este último, Delvaux realizaba su trabajo con gran recogimiento. No fue el sentimiento de grupo tan decisivo para muchos otros artistas lo que llevó a Delvaux a formar parte del círculo de los surrealistas, sino el hecho de que el pintor buscara en su arte una atmósfera que evocase el sueño y la irrealidad. “¡El surrealismo! ¿Qué es el surrealismo? En mi opinión es ante todo un resurgimiento de la idea poética en el arte, la reintroducción del objeto de representación, pero en un sentido muy determinado: el de lo extraño e ilógico”, formuló el propio pintor en una conferencia impartida en 1966.
         A partir de mediados de los años treinta, sus representaciones buscan sorprender mediante la introducción de figuras desnudas en un universo que contrapone esa intimidad a un ambiente público. En el cuadro  El alba sobre la ciudad aparece una figura central masculina-un autorretrato del pintor-rodeada de desnudos que, avanzando con lentitud, casi como sonámbulos, parecen vivir una forma de existencia imposible de conciliar con la normalidad de la experiencia cotidiana.
        Como en las pinturas de De Chirico, la arquitectura arcaizante, con sus líneas de fuga estrechándose en extremo, aparece como escenarios inertes: la arquitectura es parte de un espacio totalmente irreal que actúa como telón de fondo para encuentros sin sentido ni contexto.
        “Aquí nadie piensa en comer, todos se nutren del tiempo que transcurre y vuelve a transcurrir, beben las horas. Ahora estoy con Claude Lorrain, pero el calor, interrumpido por las brisas marinas, ¿no es demasiado fuerte para esta luz?” Estas líneas formuladas por el escritor Michel Butor sobre el cuadro El alba describen otro elemento de importancia en la pintura de Delvaux: su inspiración en los maestros consagrados. Siguiendo el principio del collage, desarrollado por el surrealismo, Delvaux combina el plano del sueño con el de la pintura. De este modo surge una realidad fantástica cuyos representantes-como el propio pintor en el cuadro El alba sobre la ciudad-operan como intrusos y perturbadores del mundo onírico.
        De todos modos, las pinturas de Delvaux no sólo reflejan sueños reproducidos por el pintor con un vocabulario aparentemente ingenuo. El arte de Delvaux también podría calificarse de mitológico, puesto que en sus representaciones hay inherente un sentido cifrado que sólo se abre a áquel que está familiarizado con el significado del lugar y con el que en él actúa, es decir, el que entiende el lenguaje del inconsciente.


EL ARTE Y EL ESPACIO
Martin Heidegger

Cuando se piensa mucho en sí mismo, se encuentra la sabiduría inherente al lenguaje. Es improbable que uno la introduzca, ya está en él, como en los proverbios.
G. CHR, LICHTENBERG
Parece, sin embargo, ser algo poderoso y difícil de captar, el Topos -es decir, el Sitio-Espacio.
ARISTOTELES, Física, IV.

Las observaciones sobre el Arte, el Espacio, la intermundaneidad de ambas, son aún interrogantes, aunque se las exprese en forma de aseveraciones. Se limitan al arte plástico e intrínsecamente a la escultura. Los productos de la plástica son Cuerpos. Su masa, constituida por distintos materiales, se realiza bajo múltiples configuraciones.
La configuración acaece dentro de una delimitación, como un Dentro y Fuera limitados. De este modo entra el Espacio en juego.
Será habitado por una obra plástica, moldeado como un volumen cerrado, perforado, vacío. Hechos bien conocidos, y no obstante, enigmáticos.
El cuerpo plástico corporeíza algo. ¿Corporeíza el espacio? ¿Es la plástica una posesión del espacio, un contener el espacio? ¿Respondería a la conquista técnico-científica del espacio?
Verdad es que en cuanto Arte la plástica es una pugna con el espacio artístico. El Arte y la técnica científica consideran y trabajan el espacio con intención y modo diversos.
El espacio empero -¿permanece el mismo? ¿No es aquel espacio que desde Galileo y Newton recibió su determinación? El espacio -¿es aquella extensión uniforme, sin zonas privilegiadas, en cada dirección equivalente, e imperceptible a los sentidos?
El espacio -¿es aquel que, mientras tanto, sigue impulsando obstinadamente al hombre moderno a su dominio último y absoluto? ¿No sigue el arte plástico moderno este mismo imperativo, en lo que se comprende como un desafío al espacio? ¿No se halla así confirmado en su carácter de contemporáneo?
El espacio del proyecto físico-técnico -cual sea su determinación -¿puede tener la validez de único y verdadero espacio? Comparados con él los espacios adjuntos -el espacio del arte, el espacio de la vida cotidiana, con sus acciones y sus desplazamientos- ¿son tan sólo formas primigenias y transformaciones subjetivamente condicionadas a la objetividad de un solo espacio cósmico?
¿Qué sucedería si la objetividad de aquel espacio cósmico resultara ser el absoluto correlato de la subjetividad de una conciencia extraña a la antigüedad que precedió a los modernos tiempos europeos? Aun si reconociéramos la diversidad de la experiencia espacial entre los antiguos, ¿obtendríamos con ello la visión primaria sobre la mismidad del espacio?
La interrogante sobre lo que el espacio como espacio sea, no queda formulada, tampoco su respuesta.
Incierto también el ser del espacio y el poder atribuírsele un modo de ser.
El espacio -¿hace parte de los fenómenos originarios, al contacto de los cuales, según Goethe, el hombre al percibirlos le sobreviene un temor angustioso, creciente? Detrás del espacio, aparentemente, no hay nada hacia lo cual abismarse. Delante, no existe coartada hacia otra cosa. La mismidad del espacio sólo se muestra a partir del espacio. ¿Se deja expresar su mismidad?
Ante lo inquisitivo de su mismidad, declaramos:
Mientras no experimentemos la mismidad del espacio, permanecerá en sombras el hablar sobre un espacio artístico. El modo como el espacio obra y atraviesa la obra de arte se nos anticipa con toda su incertidumbre.
El espacio -en donde se puede hallar la forma plástica como espacio dado; el espacio, que encierra los volúmenes de la figura; el espacio existente como vacío -¿no son siempre estos tres espacios, en la unidad de su interacción tan sólo derivación del espacio físico-técnico, así bien las dimensiones matemáticas no debieran intervenir en la configuración artística?
Aceptado que el arte sea la puesta en obra de la verdad, y que ésta signifique el no ocultamiento del ser, ¿no será preciso que en la obra de arte constructiva, sea el espacio verdadero, que al abrirse en lo que tiene de propio, nos da la medida?
¿Cómo encontrar la mismidad del espacio? Hay una senda, realmente estrecha, oscilante. Percibirla en la lengua nos es dado. ¿De qué nos habla en la palabra espacio? En ella habla el espaciar.
Significa: talar, liberar lo selvático. El espaciar conlleva lo libre, lo abierto, para un situarse y habitar del hombre.
Espaciar es, en sí, la liberación de sitios, donde los destinos del hombre existente se proyectan con el bien de una nación, o en la desdicha del exilio, o frente a la indiferencia de ambos.
Espaciar es dar curso a los sitios, en los que un dios aparece; sitios de donde los dioses han huído, sitios en donde se retarda la aparición de la divinidad.
El espaciar origina el situar que prepara a su vez el habitar.
Los espacios profanos son siempre la privación de antiguos espacios sagrados.
Espaciar es la liberación de sitios.
En el espaciar se manifiesta y se encierra un acontecer. Carácter éste del espaciar fácilmente desatendido. Y cuando es percibido, aún es difícil determinarlo, ante todo porque el espacio físico-técnico sigue siendo el espacio al cual toda denotación sobre lo espacial debe primeramente referirse.
¿Cómo acontece el espaciar? ¿No es acaso un situar en relación, considerado en su doble modo del conceder y disponer?
Una vez el situar admite algo acorde. Se deja actuar la apertura, que entre otras admite la aparición de las cosas a las cuales se ve dirigida el habitar humano.
Además, este situar de las cosas les permite la posibilidad de pertenecerse co-relativamente en su dirección y cada una desde dentro y a partir de sí.
En el doble despliegue de este situar acaece el divisar de sitios. El carácter de este acontecer es el arrebatamiento. Pero, ¿qué es el sitio, si su mismidad debe determinarse en su dirección liberadora? El sitio abre cada vez un paraje, encontrándose en éste las cosas, en co-pertenencia.
En el sitio se juega el encuentro, en el sentido de esconder y dejar las cosas liberadas de su paraje.
¿Y el paraje-, La más antigua forma de la palabra es gegnet .
Denomina la libre vastedad. Por ella se capta lo abierto, cada cosa en su apertura y en su expandirse desde el estado de reposo que tan sólo a ella le pertenece.
Y significa al mismo tiempo: custodiar el encuentro de las cosas en su co-pertenencia.
Urge la pregunta: ¿serán los sitios primero y sólo el resultado, la consecuencia del situar? ¿O recibe el situar su mismidad a partir de la acción de los sitios encontrados? Si eso fuera exacto, tendríamos que buscar la mismidad del espaciar en la fundamentación de sitios, y considerar al sitio como la correlación de sitios.
Tendríamos que atender entonces en qué forma y cómo este juego de co-relación recibe a partir de la libre vastedad del paraje la remisión de la co-pertenencia de las cosas.
Tendríamos que aprender a reconocer que las cosas son ellas mismas los sitios y no pertenecientes a un solo sitio.
En este caso estaríamos obligados a aceptar por largo tiempo un insólito hecho: el sitio no se halla en el interior de un espacio ya dado, según el modo de espacio físico-técnico. Este sólo se despliega desde el encuentro de los sitios de un paraje.
El juego co-relacionado de arte y espacio habría que reflexionarlo a partir de la experiencia del sitio y del paraje.
El arte como plástica: la no posesión del espacio. La plástica no sería una pugna con el espacio.
La plástica sería la corporeización de sitios, que en la apertura de un paraje que lo encierra, condiciona una liberación en su encuentro, permitiendo la presencia de las cosas en ese instante, y el habitar del hombre en medio de las cosas.
Y si es así, ¿que será del volumen de las configuraciones plásticas que corporeízan un sitio? Probablemente ya
los espacios no se limitarán oponiéndose, allí donde se ciñe un Dentro opuesto a un Fuera. Lo significado por la palabra volumen debería perder su nombre -significado este tan antiguo como la moderna técnica de la ciencia natural.
Innominados por de pronto quedarían los caracteres de la corporeización plástica, que buscan y constituyen los sitios.
¿Qué devendría del vacío del espacio? El vacío aparece a menudo tan sólo como una carencia. El vacío sería entonces como la carencia por colmar espacios huecos e intra-mundanos. Sin duda el vacío está relacionado justamente con las peculiaridades del sitio y por eso no es una carencia sino una creación.
De nuevo la lengua puede ofrecérsenos en un guiño.
En el verbo vaciar (leeren) se manifiesta el leer (lesen), en un sentido original del encontrar que obra en el sitio.
Llenar el vaso significa: encontrar al contenido en su libre devenir.
Volcar en un cesto las frutas recogidas significa: prepararles este sitio.
El vacío deja de ser nada. Tampoco es carencia. En la corporeización de la plástica se juega el vacío de un modo de conceder buscando y diseñando sitios.
Las observaciones precedentes no van ciertamente tan lejos como para mostrar con suficiente luminosidad la mismidad de la plástica como un modo del arte constructivista. La plástica: una corporeización de la puesta en obra de sitios; y en ellos una apertura de parajes que conceden el habitar humano y la permanencia de las cosas encontrándose, relacionándose.
La plástica: corporeización de la verdad del ser en su sitio determinando la obra.
Ya una mirada atenta sobre la mismidad de este arte permite presumir que la verdad como un no ocultamiento del ser no depende necesariamente de la corporeización.
Goethe dice: “No es siempre necesario que lo verdadero se corporeíce; suficiente es si se vislumbra espiritualmente la verdad y resulta en conformidad; si flota por los aires como el canto austero y amistoso de las campanadas.”

Caminando

Zaratustra regresaba sin prisa-dando un rodeo y cruzando así muchos pueblos y muchas ciudades-hacia sus montañas y su cueva. Y, caminando, llegó también, de improviso, a la puerta de la gran ciudad; mas cuando hubo llegado allí, un loco furioso saltó sobre él con los brazos extendidos, obstruyéndole el paso. Este loco era el mismo que el pueblo llamaba “el mono de Zaratustra”, porque imitaba un poco las maneras de Zaratustra y las cadencias de su palabra. También le gustaba apropiarse del tesoro de su sabiduría. Y así habló el loco a Zaratustra:
-¡Oh Zaratustra! Aquí está la gran ciudad. ¡Nada has de encontrar en ella y puedes perderlo todo! ¿Para qué querrías chapotear en ese fango? ¡Ten compasión de tus piernas! Mejor es que escupas sobre las puertas de la gran ciudad, y…¡vuelve sobre tus pasos! Éste es el infierno para los pensamientos solitarios. Aquí se hacen cocer vivos los grandes pensamientos y se les reduce a papilla. Aquí se pudren todos los grandes sentimientos; aquí no se permite hacer ruido sino a los sentimientos ruines y agotados. ¿No percibes ya el olor de los mataderos y de los bodegones del espíritu?¿No humea esta ciudad con los vapores de los espíritus sacrificados?¿No ves colgadas las almas, como trapos harapientos y sucios?...¡Y utilizan estos trapos para hacer periódicos!¿No oyes como aquí el ingenio llega a transformarse en juego de palabras?¡Se juega con repugnantes equivocos!...¡Y con estas aguas sucias hacen los periódicos! Se desafían y no saben por qué. Se acaloran y no saben por qué. Hacen tintinear su hojalata y sonar su oro. Son fríos y buscan el calor en el aguardiente, están acalorados y buscan la frescura en los espíritus frígidos. La opinión pública les produce fiebre y los hace completamente ardientes. Todos los apetitos y todos los vicios han elegido aquí su domicilio; pero también hay virtuosos entre ellos; hay aquí muchas virtudes hábiles y laboriosas con dedos para escribir, chupatintas y burócratas, adornados con condecoraciones, padres de hijas rellenas de paja y sin culo. Hay aquí también mucha piedad, y mucha unción baja y cortesana, y muchas bajezas ante el dios de los ejércitos. Porque de “lo alto” llueven las estrellas y los escupitajos de gracia; y es hacia lo alto donde se dirigen los deseos de todos los pechos sin estrellas. La lucha tiene su corte, y la corte sus satélites; y el pueblo mendicante y todas las hábiles virtudes mendicantes elevan sus rezos hacia todo lo que procede de la corte. “Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos…”Así rezan al soberano todas las virtudes hábiles, para que la merecida estrella se enganche, al fin, al angosto pecho! Pero la luna gira alrededor de todo lo terrestre; así también el soberano da vueltas en torno de lo que hay más de terrestre…,¡pero lo que hay de más terrestre es el oro de los abaceros. El dios de los ejércitos no es el dios de los lingotes; el soberano propone y… ¡el abacero dispone!¡Oh Zaratustra!¡En nombre de todo lo que haya en ti de fuerte, de claro y de bueno, escupe sobre esta ciudad de abaceros, y vuelve sobre tus pasos! Aquí sangre viciada, anémica y espumosa corre por las arterias;¡escupe sobre la gran ciudad, que es el gran pozo negro en donde se acumula toda la materia fecal!¡Escupe sobre la ciudad de almas deprimidas y de pechos angostos, de ojos envidiosos y de pegajosos dedos!...¡Sobre la ciudad de los importunos y de los impertinentes, de los plumíferos y los vocingleros, de los exasperados ambiciosos!...¡Sobre la ciudad donde se reúne todo lo corrompido, desconceptuado, lascivo, sombrío, podrido, ulcerado, conspirador!...¡Escupe sobre la gran ciudad, y vuelve sobre tus pasos!...
                Pero en este punto Zaratustra interrumpió al loco furioso y le tapó la boca.
-Te callarás, al fin!-exclamó Zaratustra-.¡Hace tiempo que me están repugnando tus palabras y tus modales!¡Hete aquí que por haber vivido tanto tiempo al borde del pantano, tú también te has transformado en rana y sapo!¿No circula ahora por tus propias venas la sangre de los pantanos, viciada y espumosa, puesto que ahora también tú sabes croar y blasfemar?¿Por qué no has ido a la selva?¿Por qué no has trabajado la tierra?¿No está el mar lleno de verdes islas? Desprecio tu desprecio, y si me adviertes, ¿por qué no te has advertido a ti mismo? Sólo del amor debe levantarse el vuelo de mi desprecio y de mi ave anunciadora:¡no del pantano!...Te llaman mi mono, loco furioso; pero yo te llamo mi cerdo gruñón…Tu gruñido acabará por echar a perder mi elogio de la locura. ¿Qué era lo que así te hizo gruñir? Nadie te adulaba la bastante…¡Por eso te has sentado al lado de estas inmundicias, con el fin de tener motivos para gruñir!...¡Con el fin de tener numerosos motivos de venganza! Porque la venganza, loco vanidoso; es toda  tu furia excrementicia; te he adivinado bien!¡Pero tu lenguaje de loco es nocivo para mí, incluso cuando tienes razón!¡Y aun cuando la palabra de Zaratustra tuviera razón mil veces, tú me la quitarías con mis propias palabras!
                Así hablaba Zaratustra; y, mirando a la gran ciudad, suspiró y se calló largo rato. Al fin, dijo estas palabras:
-También yo estoy asqueado de esta gran ciudad: no es sólo este loco  lo que me repugna. ¡Tanto aquí como allá no hay nada que mejorar ni que empeorar! ¡Maldición sobre esta gran ciudad!¡Quisiera ya ver la columna de fuego que ha de incendiarla! Porque es preciso que tales columnas de fuego precedan al gran mediodía. Pero esto tiene su momento oportuno y su propio destino. Sin embargo, a guisa de despedida te daré a ti, loco, este precepto:¡cuando ya no se puede amar, es preciso…pasar!...
Así hablaba Zaratustra, y pasó de largo ante el loco y ante la gran ciudad.


Misterio y Melancolía de una Calle



Giorgio de Chirico [1914] Óleo sobre Lienzo

Un profundo silencio domina el escenario que nos presenta Giorgio de Chirico. Creemos oír los pasos leves de una muchachita que se dirige a la plaza entre las arcadas impulsando un aro.
Absorta en su juego da la impresión de no advertir el irrespirable ambiente y los signos amenazadores que la envuelven. ¿Qué significa el carromato de circo abierto como una trampa? ¿A quién pertenece la sombra que cae sobre la plaza delante de ella? ¿Quién se oculta en la oscuridad de las interminables arcadas?
“Entre 1913 y 1917, Giorgio de Chirico se opondrá valerosamente a la esclavización de la percepción externa, aceptada por la totalidad de los artistas de su tiempo, incluidos los innovadores en el plano formal como Matisse y Picasso. Educado en los presocráticos y en Nietzsche, su espíritu rechazará todas las llamadas que no procedan de la vida secreta de las cosas[…]Este tipo de pintura, que de los fenómenos exteriores sólo retiene lo que agita el misterio o posibilita la aparición de un presentimiento, unirá de forma inseparable el arte adivinatorio con el arte propiamente dicho. Tiene la significación de una iniciación y actúa a través de la conmoción” Esta caracterización, formulada por André Bretón en El Arte Mágico en 1957, corresponde a la obra de De Chirico en el período en que pintó Misterio y melancolía de una calle y, además ilustrar sobre su singular y sumaria manera de pintar, que lo llevó a renunciar a todos los detalles y a toda clase de ilusionismo, ofrece una explicación de la utilización de formas, objetos y edificios, que son siempre los mismos.
De Chirico pinta sentimientos, estados de ánimo profundos y dominantes, provocados, entre otras cosas, por las lecturas intensas de Nietzsche que llevó a cabo entre 1910 y 1911.Tanto los títulos de sus cuadros, invariablemente centrados en los conceptos de melancolía, misterio, sueño y meditación, como su repertorio formal parecen intercambiables, pues no remiten a una situación real, sino que el sirven de requisitos para construir un espacio imaginario en el que el espectador se encuentra consigo mismo.
En opinión de Bretón, el espectador descubre aquí las ideas que tanto tiempo mantuvo ocultas y, a través del shock del reconocimiento, tropieza con imágenes y sueños sepultados en el subconsciente. En este sentido, el cuadro de la muchachita que recorre las solitarias calles de la ciudad abandonada resulta especialmente significativo desde el punto de vista de la relación retrospectiva con las vivencias infantiles. No obstante, en la mayor parte de sus obras, De Chirico sustituye esta figura específica por símbolos generales.
Las múltiples plazas y calles dedicadas a la melancolía y al misterio, estructurada mediante sombras profundas y rodeadas por arcadas, están vacías de figuras humanas e inquietantemente “animadas” por estatuas, entre las que aparece con especial frecuencia la escultura femenina arcaizante relacionada con una clásica Ariadna durmiente de Roma. En 1912 representaba la Melancolía en un cuadro del mismo título. De mármol y reliquia de una época muy anterior, la escultura resulta más humana y familiar que las interminablemente repetidas, frías y sombrías arcadas que la rodean.

“La obra de arte no puede tener ni sentido común  ni lógica, y en este sentido está muy próxima a los sueños y al espíritu infantil.”


Giorgio de Chirico

domingo, 25 de noviembre de 2012

La necesidad de la ilusión


Pese a que en ella interviene algún tipo de engaño, no se puede concebir la vida sin ilusión. Una experiencia que, como dice el autor, lejos de delatar nuestra estupidez, nos ayuda a conllevar la precariedad de la existencia.

POR Enrique Lynch
No hay manera de comprender por qué incurrimos en alguna forma de ilusión si no damos por sentado que la estupidez no es un pensamiento mal encarado o defectuoso o erróneo sino una manera de razonar, tan válida y fructífera como cualquier otra. En la experiencia de la ilusión siempre está involucrado el engaño y éste se suele producir, cuando no es deliberado, o por inocencia o por credulidad, respuestas humanas que están separadas entre sí por unos matices de significado muy poco relevantes.

La inocencia es la forma activa de la estupidez y la credulidad, por otra parte, es la misma estupidez pero en su versión pasiva. El inocente es un individuo que suele caer con facilidad en la ilusión por la simple razón de que encuentra gozoso sentirse ilusionado. Vive permanentemente en pos de una ilusión y se diría que en ella casi cifra, a cualquier precio, la felicidad propia. A diferencia del inocente, el crédulo es un individuo totalmente incapaz de reconocerse proclive a la ilusión y, por lo tanto, no imagina la eventualidad del error. Todos los crédulos son un poco inocentes, pero no todos los inocentes son crédulos. Por ejemplo, en El idiota de Dostoievsky, la inocencia del Príncipe Mishkin no lo hace más crédulo o sensible a la ilusión sino, al contrario, parece incluso más lúcido porque, si bien no detecta finalidad o intención segunda en la conducta de los demás, logra comprenderla al pie de la letra. Mishkin responde siempre literalmente a una situación, por mucho que ésta se deba a alguna mezquindad o miseria ajena. La espontaneidad de su conducta se presenta a los ojos de los demás como una especie de idiotez angélica, propia de un individuo que va por la vida a remolque de lo que ve y escucha y como arrastrado por las circunstancias y a merced de ellas. Mishkin es uno que no se posee a sí mismo, o sea, es un idiota consumado. Pero al mismo tiempo se muestra como un ser excepcional puesto que es justamente su inocencia, su absoluta indefensión frente a la ilusión, lo que, a la postre, desarma las iniquidades de sus semejantes al tiempo que muestra que también las bajas y las pequeñas pasiones de los demás son estupideces nacidas de alguna forma de ilusión.

Una versión del iluso Mishkin muy a tono con nuestra época de variadas perplejidades se traza en la figura de Mr. Chance, el jardinero estúpido que por azar se convierte en presidente de los EE.UU. en la novela de Jerzy Kosinsky, Bienvenido Mr. Chance (también conocida como Desde el jardín). Merece la pena detenerse en este personaje que, con toda seguridad, parodia a Ronald Reagan, mejor dicho, es el retrato sesgado –no muy justo, por cierto– que desde las filas de la izquierda norteamericana se quería dar del carismático Reagan. Mr. Chance, como todos los débiles mentales, habla con frases inconexas y balbuceos por la simple razón de que no sabe qué contestar; pero sus respuestas son interpretadas como parábolas declamadas por un iluminado que bien podría servir como estadista, un presidente profético, e inmediatamente instrumentadas por los medios masivos de comunicación para atrapar la conciencia de las masas, ilusionarlas y hacerlas afines a los intereses de las grandes corporaciones. La fórmula de Kosinsky es sencilla: consiste en la enésima denuncia de la manera en que los mecanismos de la ilusión manipulada sirven para colocar en las grandes responsabilidades políticas a personajes inicuos, bobos solemnes que ofician como títeres de los poderosos.

La ilusión, en estrecha relación con la credulidad, es el arma secreta de la religión. El Credo quia absurdum de los católicos, que propone la renuncia voluntaria al sentido común y a la autonomía racional como vía para alcanzar la fe, no es muy distinto, en esencia, de los fanatismos ideológicos o de aquella forma de enajenación que proponían los fascistas italianos cuando aconsejaban a sus militantes: “Non pensì, il Partito pensa per te!”También en este tipo de enajenación hay cierto goce cuyo fundamento último está en la humana inclinación por sentirse ilusionado por algo. En última instancia, la ilusión de que –por fin– no es preciso tener que pensar.

De todas formas el mayor estrago que causa la ilusión se produce cuando a la inocencia de uno se suma la credulidad del otro. Cuando estas dos conductas estúpidas se combinan tiene lugar una catástrofe, como ocurre en la estafa, en cualquiera de sus manifestaciones.

La combinación de la inocencia y la credulidad, ambas con relación a una ilusión compartida, es aún más devastadora en las relaciones amorosas, donde se configura como una especie de folie-à-deux . Evidente es que en este contexto hay un inmenso goce, como también es obvio que en el enamoramiento la seducción del otro –y el sentirse seducido por el otro– consuma la mayor de las ilusiones, aunque la experiencia universal pruebe que el estado beatífico del enamorado es necesariamente perecedero y volátil. Incurrimos en el amor desenfrenado sólo porque, en el mismo momento en que nos sentimos enamorados, olvidamos que esa beatitud será pasajera. El amor es el territorio natural de todas las ilusiones y la pasión que hace placentera la estupidez. Por consiguiente, no es tanto una enfermedad de la razón, como piensan los racionalistas, sino la prueba de la fragilidad de la razón frente a la ilusión.

Se cree que la ilusión es una experiencia espiritual, que está inspirada por ideas y se representa con imágenes, como los fantasmas y los espejismos, pero en la medida en que está firmemente arraigada en las necesidades del cuerpo está directamente relacionada con nuestra finitud. La precariedad de la existencia y la angustia consiguiente imponen que, para sobrellevarlas, tengamos que valernos de ficciones a las que, por fuerza, hemos de dar crédito. Sin la ilusión no habría apariencia sensible, no habría mundo –esta, tu piel, que me encanta, este paisaje tan querido, esa melodía que no quiero olvidar–, sin ilusión no habría nada. La vida en la ficción, ilusionados, es la única posible, la única que nos proporciona alivio frente a la certeza de la muerte y esa especie de revelación que es la mayor de todas las ilusiones: la ilusión del sentido.

Tomado de www.revistaenie.com

sábado, 24 de noviembre de 2012

Un Coney Island de la mente

En las grandes escenas de Goya nos parece que vemos
los pueblos del mundo
exactamente en el momento en que
por primera vez alcanzaron el título de “humanidad sufriente”
Se retuercen en la página
con una verdadera furia de adversidad
amontonados
gimiendo con bebés y bayonetas
bajo cielos de cemento
en un paisaje abstracto de palos secos
estatuas dobladas alas de murciélagos y picos
horcas resbalosas
cadáveres y gallos carnívoros
y todos los rugientes monstruos finales de la
“imaginación del desastre”
son tan sangrientamente reales
es como si todavía existieran realmente

y existen

sólo el paisaje ha cambiado

todavía están alineados en las carreteras
plagadas de legionarios
falsos molinos de viento y gallos dementes
son la misma gente
solo que más lejos del hogar
en autopistas de cincuenta carriles
en un continente concreto
intercalado de blandos anuncios
representando imbéciles ilusiones de felicidad

la escena tiene menos cureñas
pero más ciudadanos inválidos
en automóviles pintados
y llevan placas extrañas
y motores
que devoran Norteamerica.

YLLA            

Ray Bradbury

Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas.

El señor K y su mujer vivían desde hacía ya veinte años a orillas del mar muerto, en la misma casa en que habían vivido sus antepasados, y que giraba y seguía el curso del sol, como una flor, desde hacía diez siglos.

El señor K y su mujer no eran viejos. Tenían la tez clara, un poco parda, de casi todos los marcianos; los ojos amarillos y rasgados, las voces suaves y musicales.

En otro tiempo habían pintado cuadros con fuego químico, habían nadado en los canales, cuando corría por ellos el licor verde de las viñas y habían hablado hasta el amanecer, bajo los azules retratos fosforescentes, en la sala de las conversaciones.

Ahora no eran felices.

Aquella mañana, la señora K, de pie entre las columnas, escuchaba el hervor de las arenas del desierto, que se fundían en una cera amarilla, y parecían fluir hacia el horizonte.

Algo iba a suceder.

La señora K esperaba.

Miraba el cielo azul de Marte, como si en cualquier momento pudiera encogerse, contraerse, y arrojar sobre la arena algo resplandeciente y maravilloso.

Nada ocurría.

Cansada de esperar, avanzó entre las húmedas columnas. Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles, caía suavemente sobre ella y refrescaba el aire abrasador. En estos días calurosos, pasear entre las columnas era como pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro, incesantemente, sin que los dedos se le cansaran jamás de las antiguas canciones. Y deseó en silencio que él volviera a abrazarla y a tocarla, como a una arpa pequeña, pasando tanto tiempo junto a ella como el que ahora dedicaba a sus increíbles libros.

Pero no. Meneó la cabeza y se encogió imperceptiblemente de hombros. Los párpados se le cerraron suavemente sobre los ojos amarillos. El matrimonio nos avejenta, nos hace rutinarios, pensó.

Se dejó caer en una silla, que se curvó para recibirla, y cerró fuerte y nerviosamente los ojos.

Y tuvo el sueño.

 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Licensed To Ill”, es el primer álbum de Beastie Boys.

 

Carátula del  disco HOTSAUCECOMMITTEEEPARTTWO [2011]


Beastie Boys - "Hot Sauce Committee Pt. 2":

Para votar este postTodos los géneros cuentan con esa clase de artistas que rompen fronteras, siendo capaces de gustar incluso a quienes no son aficionados a dicho estilo. Nadie podrá negar que Beastie Boys es ese referente para el hip-hop, el grupo que es capaz de poner de acuerdo a seguidores y detractores de la rima a base de álbumes adictivos, rabiosamente efectivos y únicos en todas sus facetas.
Mantener la frescura cuando llevas un cuarto de siglo con el micrófono en la mano no es fácil,(fecha de formación 1982), pero ese es el punto que diferencia a los grandes del resto. Con Hot Sauce Committee Pt. 2 (por ahora no existe una primera parte por lo que se desprende que es solo una humorada el nombre), el trío puso fin a un periodo particularmente difícil, pues durante estos años Adam Yauch había tenido que enfrentarse a la terrible lucha que supone el cáncer, sin embargo hasta el 2011, fecha de publicación de este álbum no abandonó el proyecto, pudiéndose considerar un trabajo póstumo debido a la muerte que lo alcanzó hace algunos meses. 

The Mix-Up, el trabajo que antecede a este álbum es enteramente instrumental con unos resultados sorprendentemente positivos. Cuatro años después de tan majadera maravilla, los neoyorquinos retoman su fórmula habitual, ésa que parece no desgastarse por más tiempo que lleven usándola, y con la que vuelven a brindarnos un álbum de escucha obligatoria.

Muchas veces tendemos a infravalorar la música divertida, considerándola menos digna o elaborada que la triste. Beastie Boys nos demuestran una vez más lo errado de ese pensamiento, pues su último disco viene plagado de canciones irresistiblemente jocosas.

Si buscas algo nuevo por su parte en Hot Sauce Committe Part. 2 están muy equivocados, pues nada de lo que muestran aquí difiere de lo mostrado en sus siete discos previos. Variedad en las bases, picantes y calientes letras y algún que otro invitado bien traído para aportar una nota de color adicional. Si algo funciona…

La mezcla de géneros con el rap como eje central se vuelve a hacer patente, dando cabida al rock (‘Say it’, ‘Lee Majors Comes Again’), al reggae (‘Don’t Play No Game That I Can’t Win’) o a su eternamente reverenciado funk (‘Funky Donkey’). Tampoco se olvidan de su último esfuerzo y nos ofrecen la rimbombante ‘Multilateral Nuclear Disarmament’ como representante instrumental. Tanta variedad está bastante bien llevada, y a pesar de los constantes cambios de registro consiguen que sus señas de identidad se mantengan por encima de los vaivenes.

Con dieciséis cortes, que en la práctica se convierten en trece temas si descontamos interludios y la prescindible pista final, los cuarenta y cuatro minutos de álbum están bastante bien medidos. La dosis exacta de Beastie Boys que necesitábamos después de tantos años de dudas y retrasos. Temas como los anteriormente mencionados, junto a otros como ‘Too Many Rappers’ o ‘Here’s a Little Something for Ya’, demuestran que a pesar de la edad este trío calavera todavía tiene mucha marcha en las venas y ganas de contagiarnos con ella.

No todo el álbum es igual de brillante, y cortes como ‘Nonstop Disco Powerpack’ o la experimental ‘Tadlock’s Glasses’ pueden despertar algún bostezo. Pero el daño que hacen al conjunto no es tanto como para impedir que Hot Sauce Committee Pt. 2 se gane meritoriamente su puesto en la discografía del grupo, y de paso también en nuestras colecciones particulares. Da igual si te gusta el hip-hop o si eres incapaz de citar un solo rapero; lo de Beastie Boys es de interés público.

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El Viento de los Locos [Jorge Teillier]

                               
Sopla el viento por las calles.
El viento de los locos.
El viento de los locos.
Las brujas
hacen que enciendas fuego en la chimenea
al mediodía del pleno verano,
los niños descalzos abandonan en el atajo sus morrales de piel
de conejo
y no volverán más a la escuela.
Tú ya no distingues una garza de un halcón.

Esta noche
sopla el viento norte, el viento de los locos
y tú recuerdas a las bellas de otros días
que ahora se pasean insomnes
por los corredores de tristes pensiones
sin siquiera pensar en hacer el amor:
María, Ana María, Mariana, María Antonia.

Nadie te va a mostrar cómo florece la higuera.
Ninguna niña te llevará de la mano
para que despiertes junto a las pimpinelas.
Nadie puede ayudarte:
ni el canto de los escarabajos ni la brújula de los girasoles.
El viento te lleva a una isla desierta
donde nunca llegará un arca ni construirás una canoa.

Sopla el viento de los locos
y hace que tu cerebro se llene de agujeros
por donde entra el vino
que te hace soñar en trenes de los cuales eres el único pasajero
que parte hacia lugares
donde cuchillos y tijeras trabajan todo el día en tu corazón.
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FAITH NO MORE - CAFFEINE [LIVE] subtitulado español


Del disco Angel Dust uno de los mejores álbumes de Faith No More , el corte Caffeine.



martes, 18 de mayo de 2010

Hooper y su pintura urbana

W.H.Auden...Un poeta importante

FUNERAL BLUES

Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje...
él ha muerto.

Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro

Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo y mi
domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción

Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.

No precisamos estrellas ahora...
Apáguenlas todas
Envuelvan la luna
desarmen el sol
Desagüen el océano y
talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá.

WH AUDEN